Episodio 4: Bioestimulantes y estrés climático

El cambio climático está alterando profundamente el equilibrio agrícola. Aumento de las temperaturas, sequías prolongadas, episodios de heladas tardías, inundaciones puntuales o salinización de los suelos.

En todo el mundo, los cultivos se enfrentan a una multiplicación de factores de estrés abiótico que afectan a su desarrollo, rendimiento y calidad de las cosechas.

Según la FAO (2022), más del 50 % de las pérdidas de rendimiento mundiales se deben a estos estreses abióticos, mucho más que a los patógenos o las deficiencias nutricionales. El IPCC (2023) estima que, para 2050, los fenómenos climáticos extremos podrían reducir los rendimientos entre un 17 % y un 22 % en algunas regiones mediterráneas. En Europa, el programa Copernicus ha demostrado que 2022 fue el año más cálido jamás registrado, con pérdidas medias del 10 al 20 % en los cultivos extensivos del sur del continente.

Estos fenómenos ya no son excepcionales: se están convirtiendo en algo habitual. La frecuencia de las olas de calor agrícolas se ha triplicado desde la década de 1980. Las zonas que antes eran fértiles se enfrentan ahora a:

  • déficits hídricos más prolongados y precoces,
  • una creciente salinización de los suelos relacionada con el riego intensivo o el ascenso de las capas freáticas,
  • amplitudes térmicas extremas que perturban la germinación, la floración y el cuajado.

Ante estos cambios, reforzar la resiliencia de los cultivos ya no es una opción, sino una prioridad. El reto no consiste solo en proteger las plantas de forma puntual, sino en prepararlas para que activen sus propios mecanismos de defensa.

Esto es precisamente lo que permiten los bioestimulantes, al modular la fisiología vegetal para aumentar su tolerancia al estrés.

Naturaleza y mecanismos del estrés abiótico

El estrés abiótico corresponde al conjunto de factores ambientales no vivos que perjudican el crecimiento, el metabolismo o la reproducción de las plantas. Por lo general, se distinguen cuatro grandes categorías:

  1. El estrés hídrico, causado por un déficit o un exceso de agua, altera el equilibrio osmótico, provoca el cierre de los estomas, reduce la fotosíntesis y limita la absorción de nutrientes.
  1. El estrés térmico, ya sea por olas de calor o heladas, desestabiliza las enzimas, daña las membranas celulares y altera la regulación hormonal.
  1. El estrés salino, relacionado con la acumulación de sodio (Na⁺) y cloruro (Cl⁻) en el suelo, bloquea la absorción de agua y provoca desequilibrios iónicos internos.
  1. El estrés oxidativo, a menudo secundario a otros, se traduce en una sobreproducción de radicales libres (ROS) que oxidan las proteínas, los lípidos y el ADN, acelerando el envejecimiento celular.

Actuando solos o combinados, estos factores de estrés desencadenan auténticas reacciones en cadena. El cierre estomático reduce la entrada de CO₂ y, por lo tanto, la fotosíntesis. Se inhiben numerosas enzimas, lo que ralentiza el metabolismo general. Los cloroplastos se desorganizan, lo que provoca una disminución de la producción de energía. Las membranas celulares se degradan, lo que provoca la fuga de ionenes y altera el equilibrio interno. Por último, las vías de senescencia pueden activarse prematuramente, acelerando el declive de la planta.

Las fases tempranas y reproductivas son especialmente vulnerables. Una ola de calor de solo tres a cinco días, que se produzca durante la floración, puede ser suficiente para comprometer la fecundación y reducir en un 70 % los rendimientos de cultivos sensibles como el maíz, el tomate o la soja.

En este contexto, la supervivencia y el rendimiento de una planta dependen en gran medida de su capacidad para activar rápidamente sus mecanismos de defensa, ya sean antioxidantes, osmorreguladores, hormonales o estructurales. Cuanto más rápida y coordinada sea esta respuesta, más resistente será la planta frente a las incertidumbres climáticas.

Los bioestimulantes: palancas para la adaptación de los cultivos

Los bioestimulantes ofrecen una amplia gama de mecanismos para ayudar a las plantas a resistir mejor las inclemencias climáticas. Su eficacia se basa en una combinación de acciones complementarias, que van desde la protección celular inmediata hasta la estimulación de la regeneración tras un periodo de estrés.

  1. Activación del sistema antioxidante

El estrés oxidativo es una de las respuestas más frecuentes a las condiciones abióticas adversas, como la sequía, el calor o la salinidad. Se traduce en la acumulación de radicales libres (ROS), responsables de daños en las membranas, las proteínas y el ADN.

Los bioestimulantes ricos en compuestos antioxidantes naturales (polifenoles, flavonoides, ácidos orgánicos, péptidos) actúan de varias maneras:

  • estimulan la expresión de los genes que codifican las enzimas antioxidantes (SOD, CAT, APX),
  • Reducen la peroxidación lipídica y preservan la integridad de las membranas.
  • y neutralizan directamente los ROS gracias a sus propiedades captadoras.

 

Así, la aplicación de un extracto de regaliz (Glycyrrhiza glabra) en judías estresadas por la salinidad aumentó el contenido de clorofila (+30 %), redujo el MDA (–45 %, marcador de oxidación lipídica) y mejoró la biomasa (Rady et al., 2018). De manera complementaria, un extracto acuoso de ajo (Allium sativum) aplicado a berenjenas y pimientos sometidos a 38-40 °C estimuló las actividades antioxidantes y aumentó la producción de frutos en un 18 % (Hayat et al., 2018). Estos resultados muestran que los bioestimulantes pueden limitar los daños y favorecer la productividad.

  1. Estimulación de la osmorregulación

En caso de sequía o salinidad, la presión osmótica interna desciende, lo que pone en peligro la turgencia celular y la actividad enzimática. Para hacer frente a ello, las plantas producen osmolitos como la prolina, la glicina-betaína o la trehalosa, que estabilizan las estructuras celulares y retienen el agua.

Los bioestimulantes, en particular los hidrolizados de proteínas vegetales, refuerzan este proceso. En el maíz, la aplicación de un hidrolizado proteico duplicó la acumulación de prolina y estabilizó la fotosíntesis en condiciones de estrés térmico (Ertani et al., 2018). En la misma línea, los extractos de sauce blanco (Salix alba), ricos en ácido salicílico y flavonoides, han demostrado su capacidad para activar la vía GABA, estimular la biosíntesis de ABA y mantener el crecimiento radicular en condiciones salinas (revisión 2024, PMC10967762).

  1. Regulación hormonal y reequilibrio fitohormonal

El estrés abiótico altera el equilibrio hormonal: aumenta la producción de etileno (que favorece la senescencia), reduce las citoquininas (asociadas al crecimiento activo) y modula el ABA (clave en el cierre estomático).

Algunos extractos vegetales, ricos en ácidos triterpénicos o fenólicos, contribuyen a restablecer este equilibrio. Es el caso de la albahaca sagrada (Ocimum sanctum), cuyo extracto ha favorecido la síntesis de ABA, lo que permite una regulación más precisa del cierre estomático y el mantenimiento del metabolismo primario en condiciones de estrés hídrico moderado (Plant Growth Regulation, 2023).

Por su parte, algunas cepas microbianas, como Bacillus subtilis o Pseudomonas fluorescens, producen ACC-desaminasa, una enzima que reduce la producción de etileno al degradar su precursor. Esta acción retrasa la senescencia y prolonga el crecimiento activo. Los ensayos realizados con tomates y garbanzos han confirmado una mayor tolerancia a la sequía y un mayor número de frutos viables (Backer et al., 2018).

  1. Desarrollo radicular optimizado

La arquitectura radicular desempeña un papel clave en el acceso a los recursos hídricos y minerales. Una planta con raíces más profundas y ramificadas resiste mejor los periodos de sequía.

Los ácidos húmicos, ciertos extractos vegetales ricos en auxinas naturales o alantoína, así como los microorganismos simbióticos, favorecen este desarrollo. Por ejemplo, un extracto húmico aplicado al maíz aumentó la biomasa radicular en un 24 % y la profundidad de exploración en un 19 % en condiciones de sequía (Canellas et al., 2015). Del mismo modo, un extracto de consuelda (Symphytum officinale), rico en alantoína y ácido rosmarínico, mejoró la biomasa radicular y la densidad foliar en horticultura bajo estrés hídrico moderado (FranceAgriMer, 2022).

  1. Apoyo para la recuperación tras el estrés

La resiliencia de una planta no solo depende de su resistencia durante el estrés, sino también de su capacidad para reactivar rápidamente sus funciones vitales tras el episodio crítico.

Los bioestimulantes ricos en flavonoides, como los derivados del té verde (Camellia sinensis), desempeñan aquí un papel fundamental. Un estudio realizado con lechugas y pimientos demostró que reducen las lesiones membranosas, reactivan la biosíntesis de clorofila (+22 %) y estimulan la expresión de proteínas chaperonas (HSP70, HSP90), esenciales para la reparación de proteínas dañadas (Frontiers in Plant Science, 2022). Esta capacidad de «reactivación» limita las pérdidas de rendimiento y estabiliza la calidad de la producción.

Conclusión

En un contexto de inestabilidad climática, los bioestimulantes no sustituyen a las prácticas agronómicas tradicionales, sino que constituyen una herramienta estratégica para reforzar la resiliencia de los cultivos. Su interés reside en un enfoque preventivo y adaptativo, respetuoso con los equilibrios biológicos.

 

Al activar los mecanismos internos de las plantas (antioxidantes, osmorreguladores, hormonales y estructurales), los bioestimulantes permiten:

  • reducir significativamente las pérdidas de rendimiento,
  • mejorar la calidad y el valor nutricional de las producciones,
  • y garantizar una mayor resiliencia a largo plazo frente a los riesgos climáticos.

 

Integrados en una estrategia agronómica global, los bioestimulantes se presentan así como aliados indispensables de una agricultura moderna, productiva y sostenible.

 

¿Alguna pregunta?Contáctenos, nuestro equipo está a su disposición.

Descargo de responsabilidad

El objetivo de esta serie es compartir información práctica sobre bioestimulantes. Cada mes se tratará un tema nuevo, basado en nuestra experiencia e investigación.

Fuentes

Referencias

  • Backer, R., Rokem, J. S., Ilangumaran, G., et al. (2018). Plant growth-promoting rhizobacteria: Context, mechanisms of action, and roadmap to commercialization. Frontiers in Plant Science, 9:1473.
  • Canellas, L. P., Olivares, F. L., Aguiar, N. O., et al. (2015). Ácidos húmicos y fúlvicos como bioestimulantes en horticultura. Plant and Soil, 383, 3-41.
  • Copernicus (2023). Estado del clima en Europa en 2022. Informe del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
  • Ertani, A., Schiavon, M. y Nardi, S. (2018). Hidrolizados proteicos: nuevos conocimientos sobre la actividad bioestimulante en las plantas. Frontiers in Plant Science, 9:1227.
  • FAO (2022). El impacto del estrés abiótico en el rendimiento de los cultivos a nivel mundial. Informe de la FAO.
  • FranceAgriMer (2022). Evaluación de los extractos de consuelda en horticultura bajo estrés hídrico. Informe técnico.
  • IPCC (2023). Sexto informe de evaluación del IPCC. Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.
  • Hayat, S., Ali, B. y Ahmad, A. (2018). Aplicación del extracto de ajo como bioestimulante bajo estrés térmico. Plant Physiology Reports, 23, 145-156.
  • PMC10967762 (2024). Extractos de Salix alba y tolerancia al estrés abiótico. Revisión sistemática.
  • Rady, M. M., et al. (2018). Licorice extract as a biostimulant for beans under salinity stress. Egyptian Journal of Agronomy, 40(2), 87–102.
  • Frontiers in Plant Science (2022). Los extractos ricos en flavonoides mejoran la recuperación de la lechuga y el pimiento tras el estrés térmico. Plant Sci. 13:10452.
  • Plant Growth Regulation (2023). El extracto de Ocimum sanctum mejora la tolerancia a la sequía mediada por ABA. Plant Growth Regul., 101, 65-78.
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